Tribuna / Bruno Estrada Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1285. 15  de marzo de 2019

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Tribuna / Bruno Estrada

Con la pata quebrada

EUROPA PRESS

Hoy, en España el 87% de las mujeres y el 76% de los hombres consideran que sigue existiendo desigualdad de género en relación con los derechos sociales, políticos y económicos

Desde el 1 de abril de 1939 hasta el 2 de mayo de 1975 en España las mujeres casadas en régimen de gananciales –el régimen habitual de los matrimonios, ya que era el que regía en el Derecho común– no podían abrir una cuenta corriente, solicitar un pasaporte, firmar una escritura pública o cualquier tipo de contrato si no tenían licencia marital, esto es, el permiso de su marido.

Las mujeres españolas casadas tampoco podían, sin la autorización de su marido, ser albaceas, tutoras, aceptar herencias o solicitar su partición, realizar actividades comerciales, ni siquiera realizar pagos. No tenían, ni siquiera, derecho a la administración y disposición de su propio patrimonio, ya que el artículo 1.413 del Código Civil encomendaba al marido la administración de los bienes de la sociedad conyugal; éste podía vender los bienes gananciales de ambos.

El artículo 60 del Código Civil decía que “el marido era el representante de la mujer”, por lo que ésta no podía comparecer por sí misma en un juicio, designar abogado o procurador… No podía defender sus propios intereses.

La mujer tenía prohibido ejercer la patria potestad sobre sus hijos, tenía una patria potestad subsidiaría. Según el artículo 154 del Código Civil, el padre podía incluso dar a sus hijos en adopción, ¡Sin el permiso de la madre! La madre perdía incluso la patria potestad de los hijos naturales si el padre los había reconocido, aunque no viviera con ellos.

La mujer debía seguir al marido a cualquier lugar donde éste fijara su residencia, según el artículo 58. Aunque cabían dos excepciones: si el marido se iba a ultramar o a un país extranjero, siempre que lo determinara un Tribunal. Ni en esos casos valía la mera voluntad de la mujer. En caso de separación, la mujer debía abandonar el domicilio conyugal, ya que éste era “la casa del marido”. La mujer separada era “depositada” en casa de sus padres, pudiéndose llevar únicamente la cama, la ropa de uso diario y los hijos menores de tres años.

Es cierto que en 1958 el Código Civil se modificó en relación con los aspectos más lacerantes de este “enjaulamiento” en vida de las mujeres: se eliminó el derecho del marido a “depositar” a la mujer, ya que se consideró que la vivienda familiar era “hogar conyugal”, y se limitó el poder omnímodo del marido para disponer de los bienes conyugales.

Pero permaneció la concepción franquista de que el destino natural de la mujer era la familia y que una vez que la mujer se casaba quedaba atrapada. El marido era el único interlocutor válido ente la familia y la sociedad. El artículo 57 del Código Civil era bien explícito: “La mujer debe obedecer al marido”.

Las palabras de Pilar Primo de Rivera, Jefe Nacional de la Sección Femenina de la Falange, son muy esclarecedoras: “Tenemos que apegarlas con nuestras enseñanzas a la labor diaria, al hijo, a la cocina al ajuar, a la huerta, tenemos que conseguir que la mujer encuentre allí toda su vida”.

La mujer soltera tenía más libertad que la mujer casada al alcanzar la mayoría de edad, ¡a los 25 años! Aunque seguían existiendo absurdas limitaciones, como que hasta esa edad no podía abandonar la casa paterna sin el permiso del padre, a no ser que fuera para casarse o entrar en un convento.

La Segunda República había reconocido a las mujeres derechos que situaron a nuestro país en la vanguardia de Europa en términos de igualdad, gracias al esfuerzo de miles de mujeres luchadoras, pero esos derechos les fueron arrebatados de raíz por el franquismo.

Hoy, en España el 87% de las mujeres y el 76% de los hombres consideran que sigue existiendo desigualdad de género en relación con los derechos sociales, políticos y económicos. Resulta alucinante que, 44 años después de la muerte del dictador, algunos quieran resucitar este negro pasado de nuestro país. ¿O más bien estremecedor?

 

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Economista, adjunto a la Secretaría General de CC OO. Es director adjunto del Programa Modular de Relaciones Laborales de la UNED y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos de la Ciudad de Madrid. Fue miembro fundador de Economistas Frente a la Crisis. Ha publicado diversos libros, el más reciente La Revolución Tranquila (Ed. Bomarzo). Autor de la obra de teatro Escuela Rota y productor de varios cortometrajes y películas con los que la productora Dexiderius ganó dos Goyas. 

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